Mi visión del ‘caso Freixa’

Ayer habló el portavoz del F C Barcelona, Toni Freixa.  Desde mi humilde opinión, el mandatario azulgrana metió la pata hasta el fondo. Cierto es que el problema no lo empezó él, que ya viene de tiempo atrás, pero el hombre acaba de meterse en terreno espinoso, tirando por tierra el discurso que lleva respaldando el club desde hace temporadas, el de no hablar sobre los colegiados bajo ningún concepto. 

 En lo que en principio parecía un intento de enmendar las palabras de Gerard Piqué el pasado sábado en zona mixta, en las que el central calificó su expulsión de ”premeditada” por parte de Velasco Carballo, se convirtió en la típica pataleta que le coge a un niño de seis años enfadado porque no le dan lo que quiere. Su comparecencia ante la prensa se pareció más a una queja, impropia de alguien que es la voz del club, y que ayer, cuando debía echar agua sobre brasas encendidas por Piqué para zanjar el asunto, acabó por alimentarlas y crear un incendio en Can Barça del que el club puede acabar con quemaduras de tercer grado.

La verdadera intención de Freixa era la de demandar una nueva configuración del Comité de Competición, y pedir que se establezcan unas bases determinadas para que todo el mundo sea juzgado bajo el mismo criterio. Para mí es algo bastante básico y exigible, pero las cosas se pueden decir de muchas maneras y no fue la más correcta. Y ésta Junta lleva un tiempo saliéndose del guión. Primero lo hizo Vilarubí, hablando por lo bajini  de la conspiración arbitral, y ahora lo hace el portavoz. Dos hombres que creen defender los intereses del club catalán y que de esta manera lo que hacen es tirar por la borda todo el mensaje de humildad y prudencia que se predica desde lo más hondo de la base hasta la cima de la primera plantilla.

Y creo que la acción emprendida por Freixa ha sido un craso error. No sólo en lo que a ”política de club” se refiere, ya que si uno es humilde cuando la pelota entra, debe serlo también cuando las cosas no salen del todo bien. Ahí ha flojeado la Junta, intentando excusarse por la distancia de diez puntos señalando los arbitrajes, sin darse cuenta que ni la temporada es tan desastrosa (final de Copa y con cuerpo y medio en cuartos de final de la Champions) como para buscar coartadas en el lloriqueo.

Llorar, además de que es para débiles, lo que hace es incrementar el ego del Real Madrid, que ve cómo su rival se enzarza en la selva oscura de las  protestas y las quejas que hasta no hace tanto también utilizaba de vía de escape. El Barcelona está por encima de los penaltis escamoteados, de las plagas de lesiones y de cualquier mal que se le cierne, porque el equipo sigue respondiendo y levantando títulos. Pero realmente quién tiene el poder en el club es Guardiola. Él tiene la última palabra.

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Acerca de Albert Mir

Uno más en el mundo, estudiante de Periodismo y trabajador, con inquietudes, como todos. Apasionado de la equitación, el fútbol y el rugby, siempre que puedo estoy viajando o leyendo un buen libro.
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